
Sobre la autora: Mariela Cerviño es escritora y analista literaria. Investiga la relación entre emociones, narrativa y proceso creativo. Puedes conocer más sobre su trabajo en marielacervino.com. Las cuatro fases emocionales del escritor. Un análisis basado en casos reales desde la lectura crítica profesional. Escribir una novela, no solo se trata del proceso de sentarse a redactar: es emprender un viaje psicológico en el que nos enfrentamos a nuestra propia humanidad llena de sesgos cognitivos que se mezclan con momentos de absoluta lucidez. Como lectora beta profesional he tenido el privilegio de acompañar a muchos escritores en las distintas etapas de su proceso creativo, lo que me ha permitido reconocer los patrones emocionales que atraviesan mientras escriben su novela. Este fenómeno se repite una y otra vez, tanto en escritores noveles, como en aquellos con amplia experiencia. Esta curva emocional se compone de cuatro fases psicológicas que influyen directamente en la calidad narrativa y en la forma como el autor percibe su historia. Este ensayo propone un modelo para conocer y comprender esas fases. FASE 1 — Euforia Creativa “La iluminación inicial” La fase inicial es la más gratificante porque es el estallido eufórico de la idea inicial: aquella que da origen a toda la historia. En ese primer momento, el autor se siente fascinado por su historia, se colocan los eventos con la misma claridad que están en su cabeza, haciendo que la trama avance con una facilidad casi adictiva. El acto de escribir se simplifica como una extensión del pensamiento en la que se suele confundir creatividad con coherencia y el manuscrito pasa a ser la representación del impulso mental de su creador. La edición y la reescritura (que más adelante serán inevitables) se perciben como incensarios, porque la mente está enfocada en el desarrollo de la idea como una historia plana, sin tomar en cuenta todos los detalles y la estructura que la modifica. El proceso creativo parece sencillo, subestimando la verdadera complejidad de escribir una novela. Aquí surge el primer sesgo cognitivo que es la ilusión de coherencia: El autor entiende la historia porque la tiene clara en su mente y conoce todos los detalles que sostienen la trama pero que todavía no ha sido escritos. En su mente todo encaja a la perfección, pero en el papel pierde sentido, si el lector no tiene acceso a esa información. Este comienzo tiene base emocional poderosa apoyada en la visión del escritor, pero frágil, ante la mirada del lector que desconoce los detalles que viven en la mente del autor y que le dan coherencia a la historia. La euforia creativa no es un error —sin ella ninguna novela comenzaría—, pero es una etapa de exaltación que el escritor debe aprender a reconocer como la primera fase del proceso creativo. FASE 2 — Ceguera del Autor “Ver sin observar” Cuando la euforia creativa se termina, comienza la ceguera del autor: un proceso mucho más lento y peligroso porque el autor se va involucrando cada día más en la historia hasta que ya que no puede observarla desde una distancia objetiva. Las emociones se van mezclando con la narrativa de una manera tan íntima y necesaria, que terminan convirtiéndose en un obstáculo. El escritor está tan involucrado emocionalmente que ya no puede ver con claridad lo que ha escrito. Surge una confusión entre lo que existe en el manuscrito y lo que siente y esa diferencia por pequeña que parezca, cambia el sentido de la historia. La mente engaña y comienza a rellenar huecos, omitir errores, justifica lo que no está funcionando, y le da sentido a la incoherencia. Mientras más inmerso se encuentra el escritor en su historia, menos capacidad de verla objetivamente tiene sobre ella. ¿Cómo se reconoce que se ha llegado a esta etapa? Algunos de los síntomas más comunes son: 1. La resistencia a eliminar escenas que no funcionan por cariño. 2. La creencia que aquello que no se entiende, más adelante se explicará mejor 3. La convicción de que los personajes están claros, cuando no lo están 4. Mantener las tramas secundarias que no aportan nada, pero existen por motivos emocionales. En esta etapa encontramos: autores que por el esfuerzo y la implicación emocional que tuvieron, no son capaces de recortar capítulos que sacrifican el ritmo y dañan la obra, personajes creados con tanto afecto que terminan siendo planos o poco creíbles o escenas que responden únicamente a la emoción del autor y no a la trama. Aquí se presenta el segundo sesgo del proceso creativo: la ilusión afectiva. El escritor protege aquello que más le conmueve, aunque eso debilite la novela. La ceguera del autor tampoco es un fallo: es una consecuencia inevitable de permanecer dentro de la historia, pero también es la más peligrosa porque el autor confía en una percepción que ya no posee. Y es justo aquí donde la mirada externa empieza a ser no solo útil, sino indispensable. FASE 3 — Confrontación Crítica “El choque con la realidad narrativa” La tercera fase es una de las difíciles de enfrentar. Es el momento en que el manuscrito sale de las manos de su creador y llega a las manos de un lector externo. Aquí se recibe el primer gran impacto: la obra se despega de la imaginación de su autor y se expone a lo que realmente muestra el manuscrito. Es un momento incómodo e inevitable, que en algún momento debe ocurrir. Cualquiera que sea el tipo de lector que reciba la obra — lector beta profesional, corrector o incluso lector de confianza —, estos le darán voz a lo que el autor ya no puede ver. Ellos son los que podrán señalar las incoherencias, los vacíos emocionales, los personajes planos o incongruentes. Las escenas confusas que para el escritor resultaban evidentes; lo que se siente forzado y se creía conmovedor; lo que no termina de sostenerse, pero para la mente del autor tenía sentido. La primera reacción es de resistencia, el instinto natural de defender aquello que nació del esfuerzo. Es común escuchar frases: “Creo que no lo has entendido”, “Eso mejora más adelante”, “Esa escena es importante porque…”. El problema no está en el lector, sino en lo que releja el manuscrito. Por primera vez el escritor debe enfrentar la diferencia entre lo que escribió y aquello que quiso decir. En esta etapa tan crítica y sensible, el escritor necesita a alguien que vaya más allá de detectar los errores e inconsistencias de su manuscrito. Necesita a alguien que lo entienda, a esa persona que yo denomino Auditor Emocional Externo. Es la figura que puede detectar los puntos ciegos del autor porque conoce las emociones que la acompañan. Puede mostrarle al escritor que partes se sostienen únicamente de su emoción interna y no de lo que revela el texto. Su función no es señalar el error contextual, sino mostrar los lugares en los que el autor se está engañando y devolverle la claridad narrativa. Para superar esta etapa se necesita aceptar la confrontación crítica, lo que conlleva a asumir que la novela no está lista todavía, que necesita algo más que emoción: necesita vedad. Aunque parezca la parte más dura del proceso, realmente es la más fértil, porque aquí es donde comienza la madurez narrativa. y nacen las grandes obras. FASE 4 — Madurez creativa “La novela que nace después de la novela” Después del impacto de la confrontación crítica, viene la aceptación, se recupera la visión objetiva, y la relación del autor con su obra comienza a cambiar. El corazón del manuscrito sigue siendo el mismo, pero deja de ser un territorio a proteger y comienza a ser un espacio para reconstruir. En este momento de madurez, el escritor se da cuenta que el valor de su historia no está en lo que se escribe primero sino en la novela que nace después. La claridad narrativa es distinta, mucho más madura. El escritor ya no se aferra a escenas o personajes queridos porque ahora entiende que la novela tiene sus propias reglas que van más allá de sus deseos o emociones. Empieza entonces el proceso, de organización, estructura y reescritura. Ya no se siente como una derrota sino como un descubrimiento. Estos son los síntomas más comunes de esta etapa. — La capacidad de eliminar capítulos enteros sin que duela. — La objetividad para detectar qué personajes que no aportan nada o deben transformarse. — La necesidad de reorganizar la estructura para mejorar coherencia y ritmo. — La reconciliación con el ritmo, la voz y la intención original, ahora más depurados. La transformación del manuscrito, va de la mano con la transformación emocional del autor. La frustración se convierte en criterio; la resistencia en método y la historia comienza a mostrar su mejor versión porque el escritor ya no se impone sobre ella. La madurez creativa es descubrir que la primera versión de la historia fue el camino para llegar al destino. Es la etapa más honesta porque se escribe desde la conciencia y la razón y no desde la euforia y la emoción. El resultado es una novela real, orgánica, que respira y puede llegar al lector. En esta fase el escritor deja de ser su peor enemigo y se convierte en el aliado de su historia. CIERRE — La arquitectura emocional de una novela Las cuatro fases que he descrito constituyen la arquitectura emocional que sostiene toda novela, más allá de su contenido narrativo. Detrás de cada novela que leemos hay un proceso emocional que se mueve entre la euforia, la ceguera, el choque y la reconstrucción y es un ciclo que se repite en todos los géneros literarios y estilos narrativos. Comprender estas etapas no las elimina, pero si facilita el camino creativo permitiendo al escritor reconocer: 1. Cuando escribe impulsado por la emoción. 2. En qué momento necesita una lectura crítica externa. 3. Cuando necesita detenerse para recuperar lucidez 4. Distinguir entre lo que imagina y lo que llega al lector. 5. Encontrar su madurez creativa. Permitir que la historia sea vista desde otro lugar, no solo mejora el manuscrito, sino que también puede salvarlo. Toda novela vive dos veces: una cuando se escribe desde las emociones y otra cuando se lee desde fuera. Mariela Cerviño Bártoli Escritora de fantasía oscura y analista literaria marielacervino.com
Mariela Cerviño Bártoli

Trabalibros EntrevistaSiempre busco un tipo de escritura donde la propia forma ya hable del tema

Trabalibros en la RadioTiendas de color canela", uno de los libros más singulares y fascinantes del siglo XX, ocupa nuestros minutos radiofónicos de hoy. En esta obra, el escritor Bruno Schulz, a menudo considerado el Kafka polaco, transforma los recuerdos de la infancia y la vida cotidiana de una pequeña ciudad de provincias en un universo onírico y desbordante de imaginación. A través de una prosa intensamente poética, poblada de metamorfosis, símbolos y visiones, Schulz construye una mitología íntima en la que la figura del padre, el paso del tiempo y el poder creador de la palabra adquieren una dimensión casi legendaria
Lo importante es enseñar lo que nosotros, los "grandes lectores", sabemos: que no hay solamente un recorrido en el libro de la primera línea a la última, sino muchos recorridos que un gran lector sabe inventar.
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Tal vez la vida es sólo eso... Un sueño y un temor.
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